La Semana Santa de Palencia, declarada de Interés Turístico Internacional, comienza cada año con uno de sus actos más singulares, la subida procesional al cerro del Otero durante la tarde del Domingo de Ramos. Este recorrido, que culmina a los pies del Cristo del Otero, se ha convertido en una de las tradiciones más simbólicas de la ciudad y en una de las estampas más características de la Semana de Pasión palentina.
El acto, organizado por la Cofradía de la Santa Vera Cruz, parte habitualmente de la iglesia de San Pablo y se desarrolla como una peregrinación penitencial que atraviesa varios barrios de la ciudad antes de alcanzar el cerro donde se alza la emblemática escultura de Cristo. A lo largo del recorrido, los cofrades portan la imagen del Cristo de la Vera Cruz, una talla anónima del siglo XV, mientras rezan y avanzan hacia uno de los lugares más representativos de Palencia.
La procesión se caracteriza por su carácter austero y por la participación de numerosos hermanos de la cofradía, fácilmente reconocibles por el verde de sus hábitos. El cortejo atraviesa la barrera del ferrocarril y se dirige hacia el barrio del Ave María antes de continuar por el paseo del Otero y adentrarse en el barrio del Cristo, donde comienza el ascenso final hasta la explanada situada junto al monumento.
Un acto recuperado a finales del siglo XX
Aunque hoy forma parte del calendario habitual de la Semana Santa palentina, esta subida tiene una historia marcada por interrupciones y recuperaciones. Durante décadas existió la tradición de ascender al cerro del Otero rezando el Vía Crucis, una práctica que se mantuvo hasta mediados del siglo XX. Sin embargo, en 1957 la supresión del noviciado del convento de San Pablo provocó que la procesión dejara de celebrarse.
La tradición fue recuperada en 1999 y, desde entonces, la subida al cerro del Otero volvió a consolidarse como uno de los actos que marcan el inicio de la Semana Santa en Palencia. Aunque originalmente el recorrido estaba concebido como un Vía Crucis, con el tiempo se transformó en el rezo de los misterios dolorosos del Santo Rosario, manteniendo su carácter penitencial y devocional.
Una tradición que mezcla devoción y ciudad
La subida al cerro del Otero posee además un carácter particular dentro de las celebraciones de la Semana Santa. A diferencia de otras procesiones más solemnes y céntricas, esta se desarrolla en un ambiente cercano a la romería, en el que vecinos y cofrades acompañan el recorrido por diferentes barrios hasta alcanzar el punto más alto de la ciudad.
Esta combinación de devoción religiosa y tradición popular convierte al acto en una de las celebraciones más singulares del calendario cofrade palentino. La presencia del Cristo del Otero como telón de fondo refuerza su simbolismo y conecta la celebración con uno de los elementos más reconocibles del patrimonio de la ciudad.
Con la llegada de la noche del Domingo de Ramos y la finalización de esta subida penitencial, Palencia abre oficialmente una semana marcada por las procesiones, la tradición cofrade y la participación de cientos de hermanos que mantienen viva una de las celebraciones religiosas más importantes de Castilla y León.

