Una de las tradiciones más curiosas y arraigadas del calendario festivo en la ciudad de Palencia es la celebración de las fiestas de Santo Toribio, especialmente conocidas por la singular “pedrea del pan y el quesillo”.
Esta celebración, que tiene lugar cada primavera en el barrio del Cristo, reúne a miles de personas en torno a una tradición que combina historia, leyenda, devoción religiosa y ambiente festivo.
El punto central de la fiesta se desarrolla en las laderas del cerro. Concretamente, a los pies del monumento, donde se encuentra la ermita vinculada a Santo Toribio y el lugar donde culmina la romería y se celebra el acto más esperado del día: la famosa pedrea.
Según la tradición, en la antigüedad el santo llegó a Palencia para predicar contra las doctrinas priscilianistas, consideradas heréticas por la Iglesia. Sin embargo, sus enseñanzas no fueron bien recibidas por todos los habitantes de la ciudad. Santo Toribio de Palencia habría sido apedreado por parte de la población, lo que le obligó a refugiarse en una cueva situada en el cerro del Otero.
Poco tiempo después, según cuenta la leyenda, fuertes lluvias provocaron la crecida del río Carrión y una importante inundación en la ciudad. Los palentinos interpretaron este hecho como un castigo divino por haber atacado al santo. Arrepentidos, pidieron perdón y prometieron honrar su memoria cada año. Desde entonces, esta historia se recuerda simbólicamente mediante una tradición muy particular, en lugar de piedras, se lanzan bolsas de pan y queso a los asistentes.
La romería de Santo Toribio
La celebración principal tiene lugar el domingo más cercano al 16 de abril y forma parte de las fiestas del barrio del Cristo. La jornada comienza con una romería que parte desde la iglesia del barrio y se dirige hasta la ermita situada junto al Cristo del Otero. Durante el recorrido, la imagen del santo es transportada en andas por vecinos y miembros de asociaciones del barrio, acompañados por grupos de danzas tradicionales y la banda municipal de música.
Una vez que la procesión llega a la ermita, se celebra una misa en honor al santo. Tras el acto religioso llega el momento más esperado por todos los asistentes: la tradicional pedrea del pan y el queso.
La famosa “pedrea”
La pedrea es, sin duda, el elemento más singular de estas fiestas. Desde el balcón de la ermita, autoridades municipales y vecinos del barrio lanzan miles de bolsas que contienen pan y pequeños quesos al público que se reúne en la explanada inferior. Este gesto simboliza el antiguo apedreamiento del santo, pero transformado en un acto festivo y generoso.
El ambiente durante la pedrea es especialmente animado. Los asistentes levantan las manos o utilizan bolsas y mochilas para intentar atrapar alguno de los paquetes lanzados desde lo alto. Conseguir una de estas bolsas se considera parte de la experiencia festiva y, para muchos palentinos, se ha convertido en una tradición familiar que se repite generación tras generación.
Una fiesta con identidad local
Más allá del espectáculo de la pedrea, las fiestas de Santo Toribio representan un importante elemento de identidad para el barrio del Cristo y para toda la ciudad de Palencia. Durante varios días se organizan actividades culturales, conciertos, concursos gastronómicos, verbenas y otras celebraciones populares que atraen tanto a vecinos como a visitantes.
La romería y la pedrea han sido reconocidas como Fiesta de Interés Turístico Regional, lo que demuestra su importancia dentro del patrimonio cultural de Castilla y León. Además, el evento destaca por su capacidad para reunir a miles de personas en torno a una tradición compartida que combina historia, religión y diversión.
De esta forma, la fiesta de Santo Toribio y la pedrea del Cristo del Otero constituyen una de las celebraciones más singulares de España. Lo que comenzó como un recuerdo simbólico de un episodio legendario se ha transformado con el paso del tiempo en una jornada festiva que refleja el carácter acogedor y tradicional de la ciudad.

