El Cristo del Otero en la cultura popular palentina 

Hay monumentos que forman parte del patrimonio de una ciudad y otros que se convierten en parte de su identidad. En Palencia, el Cristo del Otero pertenece a este segundo grupo. La escultura de Victorio Macho, inaugurada en 1931, es uno de los principales símbolos de la ciudad y uno de los iconos más queridos por los palentinos.  

Sus más de 20 metros de altura hacen que pueda contemplarse desde numerosos puntos de Palencia, imponiéndose así en su paisaje. Pero la relación de Palencia con el cerro del Otero y con el Cristo va más allá de la propia escultura. El lugar está estrechamente relacionado con una tradición popular vinculada a Santo Toribio y con una de las celebraciones más singulares de la capital palentina. 

La historia que da origen a esta tradición se sitúa en el siglo V. Según la tradición popular recogida por el Ayuntamiento de Palencia, Santo Toribio llegó a la antigua Pallantia para predicar contra las doctrinas de Prisciliano. Los palentinos no habrían atendido sus recomendaciones y, según cuenta la leyenda, terminaron apedreándolo. El santo tuvo que refugiarse en una cueva del cerro del Otero. 

Posteriormente, una inundación del río Carrión fue interpretada por los habitantes de la ciudad como un castigo por haber apedreado al santo. De esta tradición procede la actual Romería de Santo Toribio, una celebración que mantiene vivo este relato popular y que fue declarada Fiesta de Interés Turístico Regional en el año 2005. 

Uno de los momentos más característicos de la celebración es la conocida como ‘pedrea del pan y el quesillo’. Después de la procesión y de la celebración religiosa, las autoridades arrojan desde el balcón de la ermita bolsas que contienen pan y queso y que son recogidas por los miles de asistentes situados en la ladera del cerro. 

La tradición reproduce de una manera simbólica el episodio del apedreamiento de Santo Toribio y continúa siendo una de las celebraciones más reconocibles de la cultura popular palentina. Miles de personas participan cada año en esta jornada, que une historia y tradición en torno al cerro del Otero. 

El Cristo como parte del paisaje de Palencia 

Cuando la Romería de Santo Toribio se celebra, el Cristo del Otero preside desde lo alto el escenario de esta tradición. La escultura fue inaugurada en 1931, varios siglos después de la historia que dio origen a la romería, pero su presencia ha quedado incorporada al paisaje y a la imagen que los palentinos tienen. 

Su silueta se ha convertido así en una referencia visual de la capital. El Cristo aparece asociado a la imagen de Palencia y al propio cerro del Otero, un espacio que cuenta además con otros elementos de interés histórico y cultural, como son las ermitas de Santa María del Otero y Santo Toribio. 

Victorio Macho y la memoria del monumento 

La dimensión cultural del Cristo también está vinculada a su autor, el escultor palentino Victorio Macho. El artista consideró esta obra como una de las más importantes de su trayectoria y quiso que sus restos descansaran a los pies del monumento, en la ermita de Santa María del Otero. 

Junto a la escultura se encuentra actualmente el Centro de Interpretación Victorio Macho, dedicado a conocer la trayectoria y la obra del artista. El espacio conserva dibujos, esculturas, fotografías y otros materiales relacionados con su producción artística. 

La importancia del Cristo del Otero en la cultura popular palentina no se encuentra únicamente en su valor artístico o monumental. Está también presente en la vida de la ciudad, en el paisaje, en las tradiciones y, especialmente, cada mes de abril en la Romería de Santo Toribio y su particular ‘pedrea del pan y el quesillo’. 

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